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LA CRITICA DE ARTE Y LOS SALONES


        Etimológicamente el término crítica deriva del verbo griego crino, que significa juzgar. La crítica es el fundamento de toda actividad intelectual; aquí se refiere a un juicio, valor o crítica sobre el Arte.

        Al igual que la Historia del Arte, la crítica de Arte como disciplina en sentido estricto surge en los albores de la modernidad y están considerados como sus textos fundacionales los escritos críticos de Denis Diderot sobre los Salones de París desde 1759 a 1781,... Este nacimiento no se debe entender en sentido radical, pudiéndose rastrear con anterioridad juicios de valor sobre Arte desde el mundo griego, incluidos sin carácter sistemático en los tratados, en las biografías artísticas o en los textos estéticos.

        Aunque el término "Salón" haya caído hoy en desuso, ha sido una de las "instituciones" artísticas más destacadas de la modernidad; el nombre deriva del "Salón Carré" del palacio del Louvre, lugar retomado en 1725 por la Academia Real Francesa de Pintura y de Escultura para celebrar las exposiciones de Arte (que tuvieron carácter público desde 1737 y celebración bienal desde 1751). De manera que el término Salón hay que referirlo a exhibición pública de Arte.

        El artista que expone en el Salón ya no sólo tiene que enfrentarse a la Academia, que selecciona las obras, y cuyos criterios se atienen a los principios intemporales del ideal de belleza del clasicismo, sino que tiene que someterse posteriormente al juicio del público, cuyo criterio de valoración es el de la novedad y con cuya adquisición de obras nace el mercado anónimo burgués. Como afirma Francisco Calvo Serraller, (...), son los ideales burgueses revolucionarios los que promocionan la difusión democrática de los valores culturales, así como su distribución a través de un mercado libre. Los conceptos de "Salón" y de "Exposición" son complementarios con los de "público", "consumo anónimo" y "mercado".

        En este contexto histórico y cultural del Salón en el Siglo de las Luces nace la moderna crítica de Arte como profesión, con la función de orientar el deficiente criterio del mercado. El crítico de Arte no escribe ni para los artistas ni para los académicos, es un orientador del gusto artístico público, cumple la función de guiar eficazmente en el tráfago de la exposición y de garantizar el acierto de las adquisiciones.

        La primera crítica de Denis Diderot sobre el Salón de 1759 tiene forma de carta dirigida a su amigo Friedrich Melchior Grimm y fue publicada en la Correspondance Littéraire el 1 de noviembre de 1759. Se trata, pues, de una actividad periodística especializada, de una crónica artística de actualidad. El crítico se enfrenta con la actualidad, con las novedades artísticas de la temporada, o sea, con la moda artística, cuyas notas primordiales son la inmediatez, la temporalidad y la concreción. En consecuencia, el juicio crítico es subjetivo, de carácter improvisado, aleatorio y relativo. Así, la crítica de Arte consiste en expresar por escrito la opinión individual sobre una obra de arte actual.

        El crítico de Arte ha de ser un buen escritor, con una extraordinaria capacidad retórica de sugestión literaria, condición a la que Charles Baudelaire sumará la necesidad de estar dotado de temperamento artístico. Precisamente en los comentarios dedicados por Baudelaire al Salón de 1846 se contiene la conocida introducción, en la que se perfilan con rotundidad las características de la crítica de Arte: "Creo sinceramente que la mejor crítica es la divertida y poética; no esa otra, fría y algebraica que con el pretexto de explicarlo todo, carece de odio y de amor, se despoja voluntariamente de todo temperamento... En cuanto a la crítica propiamente dicha, espero que los filósofos comprenderán lo que voy a decir: para ser justa, es decir, para tener su razón de ser, la crítica debe ser parcial, apasionada y política; esto es, debe adoptar un punto de vista exclusivo, pero un punto de vista exclusivo que abra al máximo los horizontes". (...)

Gonzalo M. Borrás.- Teoría del Arte.-
Historia 16, Conocer el arte. Madrid 1996. págs. 14-16